El cuento de la lechera y otras historias

Nunca he entendido una cultura que acepta el milagro de los peces y luego hace del cuento de la lechera una de sus fabulas favoritas.

La historia de la bella Elisa que un día va al mercado a vender la leche mientras piensa qué hará con el dinero que obtenga para acabar con la jarra rota como sus sueños es una historia aterradora para adiestrar a los niños a seguir el camino que tienen marcado. Los mismos niños a los que se les exige emprendeduría y creatividad cuando son mayores. Cuando ya la mente y el hábito los ha encorsitellado de tal manera que salir de lo establecido requiere una dosis tremenda de pasión, locura o necesidad.

El domingo quise convertirme en Elisa con dos litros de leche y medio limón.


Escurrí el limón en la leche entera, lo dejé reposar dos horas a temperatura ambiente. Y luego lo herví a fuego medio. Cuando echó el hervor, apagué el fuego y lo dejé reposar media hora más. Después cogí un bol, un colador chino, un trapo bien limpio y colé la leche. 

Con la crema que quedó en el trapo salió un queso fresco riquísimo que desayuné la mañana siguiente con el pan de molde de masa madre que había hecho el día anterior.


Sólo salieron 25 g de dos litros de leche. Menudo desperdicio pensaréis. Pues no. No me desanimé. 
Con la leche que sobró hice siete yogures en la yogurtera aprovechando dos yogures a punto de caducar que tenía en la nevera. El resto lo puse en un bol cubierto con un trapo que dejé toda la noche encerrado en el microondas. 

Para la receta leed el post que publiqué hace un tiempo.


El yogur que obtuve en el bol lo colé en un bol con un colador y un trapo bien limpio y obtuve yogur griego y suero de leche.


Suero con el que esta mañana hice un pan.



Lección: nunca dejéis de perseguir vuestros sueños, no dejéis que los miedos de los demás os atrapen y si estos no salen cómo esperabais aprended de los errores, seguid soñando y mejorarlos. Quizá no siempre serán realizables pero si dejamos de soñar nos convertimos en títeres de nuestros propios miedos y del miedo de los demás.

Para aplicarme el cuento fui a visitar Hofmann. Me pica mucho el gusanillo. Imaginarme pasar 3 horas a la semana aprendido a elaborar esos deliciosos postres. ¿Loca? Sí, un poco. Pero es esta locura la que me mantiene cuerda.

Os dejo con la inspiración de Sarah Kay. Con subtitulos en español.


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