Mostrando entradas con la etiqueta Talleres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Talleres. Mostrar todas las entradas

Taller de fotografía en Verde Mandarina con Balance de blancos

Ya sabéis que soy una coleccionista de perlas y con tantos talleres tengo la suerte de coincidir con algunas de ellas.

Hace unos meses quise probar el taller online de Luisa Morón. A pesar de que ya he hecho varios cursos de estilismo, cada uno de ellos me aporta nuevos conocimientos, formas de ver distintas y grandes dosis de inspiración para seguir enganchada a la cámara. Enseguida me di cuenta que Luisa era una persona muy cercana y dulce. Y cuando me enteré de que venía a Barcelona con Raquel de Balance de Blancos no pude evitar apuntarme. Romper la barrera de lo virtual era demasiado tentador. Un taller presencial por fin. El entorno, VerdeMandarina en el barrio de Gracia era un plus.

Yo solo hice la parte práctica de la tarde. Eso sí, me uní al grupo para comer en un bar de toda la vida a base de tapas.

De este taller han salido cosas muy bonitas. He conocido gente muy interesante, me encontré a mi amiga Ester de La cuinera quién me presentó a Miguel de Pimientos verdes, pude hablar con Luisa y Raquel personalmente. Y sobre todo pude fotografiar. Parecía una niña con zapatos nuevos.

Y bueno, me llevo otra perla para enzarzar en mi collar, Luisa.









Hablando de perlas, este mes estreno colaboración con El balcón verde. Yolanda y Javi me invitaron a colaborar con ellos en una nueva sección "del huerto a la mesa" y yo me sentí encantada.

A Javi y Yolanda los conocí hace años en un taller de huerto urbano en Bonfocs. Yo me quedé en intento pero ellos hicieron siguieron creciendo. Comparto con ellos su visión de la vida y para mí estrenar una sección con ellos era simplemente algo natural.

A partir de ahora pues podréis seguir mis fotos y mis recetas también en su blog.

¿Pensabáis que os dejaría sin receta? ¿Qué tal unos paquetitos de guisantes al curry?

Semlor

Ayer cerró otro comercio en Sants. Una de esas que ha acompañado siempre y que tuvo su época dorada y llegó a tener hasta dos tiendas. Se me encogió de nuevo el corazón. 

Quería hablar de ello y también de la exposición de Méliès en CaixaForum. Quería explicar lo que me evoca el nombre de estos bollitos: paisajes noruegos, Tolkien y cafés cálidos al borde de los fiordos. Pero sólo se me ocurre hablar de Jackie. Quizá porque los bollos son suecos y no noruegos. Quizá simplemente porque esos pocos minutos que dedico a leer a diario su nueva lección me alegran el día.


Eso y dedicar un poco de tiempo a tomar fotos para practicar la lección. Y colgarlas en el foro y comentar las del resto y recibir feedback. Encontrarme en medio de una comunidad otra vez formada de mujeres magníficas que lejos de renunciar a sus sueños los alimentan y les dan forma.

Ver como fotógrafas consagradas como ella y Julia Dávila recurren a elementos básicos como una mesa baja de Ikea y reconocen que no siempre utilizan RAW, ni el histograma, ni Photoshop para hacer un collage, es alentador.


Fotógrafa y medio coach. Su curso online Superstar me está encantando. Técnicas que me sé de memoria las he asimilado finalmente con la imagen de una jirafa de fieltro trotando por la sábana.

A veces me desanimo cuando veo las fotos maravillosas de otras participantes como Merengue y Frambuesa o Eva Gullón. Luego me siento afortunada de tenerlas como compañeras de curso. Y bueno, tampoco puede todo el mundo estar a este nivel. 

El caso es que esos escasos 10 minutos de lectura antes de empezar a trabajar se me antojan deliciosos. Como los semlor.

La receta es de Call me cupcake. Los bollos son tradicionales de Suecia en Pascua y llevan esa combinación de especies que tanto me gustan de los postres del Norte de Europa.

Ingredientes:
  • 25 g de levadura fresca
  • 75 g de mantequilla
  • 130 g de leche
  • Media cucharada de cardamomo molido
  • 1/4 de cucharadita de sal
  • 3 cucharadas de azúcar
  • 325 g/400 g de harina
  • 1 yema de huevo para pintarlos
  • Azúcar glas
Para el relleno:
  • 200 g de mazapán (lo compré hecho en Baltà Farinetes)
  • 1 pizca de leche
  • Media cucharadita de vainilla en polvo
  • 250 ml de nata para montar
Desmigamos la levadura en un bol.

Fundimos la mantequilla en un cazo, añadimos la leche y cardamomo. Lo calentamos hasta 37º y lo vertemos en el bol con la levadura. Mezclamos bien hasta que se disuelva. Añadimos la sal, el azúcar y la harina poco a poco. Yo añadí solo 300 g, pero si veis que la masa pide más podéis aumentar hasta 400 g. 

Amasamos bien y dejamos levar la masa, cubierta con un paño, 45 minutos.

Trabajamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y hacemos entre 12 y 20 bolas (dependiendo del tamaño que queramos, yo las hice pequeñas). Las ponemos sobre una bandeja cubierta de papel de hornear y precalentamos el horno a 225º.

Dejamos levar 45/60 minutos más. Pintamos con el huevo y horneamos unos 10 minutos. Ojo porque yo los dejé más tiempo porque no acaban de estar cocidos. 

Dejamos enfriar y una vez fríos cortamos la parte de arriba. Hacemos un agujero y quitamos la miga. 

Mezclamos la miga con el mazapán y la pizca de leche. Rellenamos los bollos con la mezcla de mazapán. Montamos la nata y la ponemos encima del mazapán. Cubrimos los bollos con la parte de arriba que previamente hemos cortado antes.

Ahora me gustaría contaros estas contradicciones que nos acompañan al largo de la vida. Pensamos de una manera pero actuamos de otra. Vivimos experiencias y nos decimos que hemos aprendido lecciones pero cuando tienes la oportunidad de empezar de nuevo vuelves a los viejos patrones. Pensaba en mis hijos. En todo lo que me digo que no quiero para ellos. En todas las veces que le digo al mayor que persiga su sueño y que luche por el cuando veo su enorme talento desperdiciado. Estas grandes frases que luego yo no me aplico. 

Pero es sábado y mejor nos comemos un bollo.

Taller con de Patricia Arribálzaga

Tres días. El tiempo que me distancia de la realidad a un mundo lleno de sensibilidad, talento y creatividad. 

Tres días. Dormirse con los insuperables diálogos de Django y sus personajes, puro continente sanguíneo al ingenio de Tarantino, y despertarse para tomar el tren. 

Treinta minutos. El tiempo para pasar de un mundo a otro asistido por la visión del mar desde el vagón del tren.

Desparejo, contrastado círculo que se abrió una noche en el barrio de Sants y cerró en Sitges un viernes por la tarde. Un círculo que me ha permitido apretar el botón de pause y en el que he aprendido, disfrutado y me he permitido soñar.

Entrar en el atelier de Patricia Arribálzaga de Cakes Haute Couture es un canto a la creatividad y al buen gusto marcados por más de 15 años de experiencia.


Cercana, divertida, dispuesta a compartir su savoir-faire con sus alumnas, Patricia rompe mis estereotipos hacia este tipo de pastelería y se gana mi aprobación a los pocos minutos. Su preocupación por la salud, huyendo de ingredientes de dudosa reputación como el aceite de palma, conservantes artificiales y colorantes made usa, así como el bote de Stevia que preside la mesa del desayuno, muestran que no es hablar por hablar. 



Su formación previa en pastelería francesa, hacen que sus creaciones sean además de auténticas joyas para la vista, auténticos néctares para el paladar, como un buen maridaje. Decorar sí, pero sin perder el placer del sabor. 

Esto sin duda la distingue y marca su propio sello en este sector. Un sello que no se cansa de repetir debemos estampar y encontrar creándonos nuestra propia carpeta de inspiración. 

Su taller de decoración de pasteles me ha permitido conocer un abanico de técnicas básicas y versátiles para crear pasteles de un gusto exquisito. 

Lo que puede dar de sí un trozo de cañería estriado. En lo que se puede convertir un trozo de carroza de una Barbie y un tapete cutre de plástico. 

Verla trabajar con esa seguridad que solo la experiencia puede dar. Desde utilizar la manga a forrar perfectamente con fondant. Estampados, texturizaciones, flores, joyas. 

Técnicas que hasta ahora miraba desde cierta distancia y con un aprensivo respeto pero imprescindibles para poder elaborar un pastel de esta calidad. 


Cuanto más aprendo más me doy cuenta de lo lejos que estoy y de lo mucho que me queda por aprender. Es un reto constante para mejorar, pulir, perfeccionar. Y cuando miro el camino que he dejado atrás, me doy cuenta también del camino que he trazado. Es un poco como cuando estudias idiomas, que cuando más sabes, más humilde te vuelves porque más consciente eres de tus errores.

El cajón desastre de ideas mal ordenadas influenciadas por el constante fluido de imágenes al que estamos sometidos se va perfilando y dirigiendo a aparente una sencillez que no requiere más para impactar la mirada y los sentidos. 

Mismas técnicas, distintas manos, sensibilidades y miradas, generan resultados totalmente dispares y extraordinarios. Lo que demuestra que los seres humanos somos pura creatividad. Los sellos de identidad se empiezan a esculpir.



Al margen del aprendizaje de las técnicas y la práctica, compartir tres días de taller con Patricia y un grupo maravilloso de mujeres con una emprenduría impresionante, han sido una experiencia única de la que ha resultado algo que tan solo hace unos pocos meses hubiera creído que sería capaz de elaborar.






Sólo puedo dar gracias por ello y recomendarlo totalmente. 

Estaré muy pendiente de sus próximos curso online y espero poder volver a su atelier para hacer tartas de boda. Eso sí cuando tengo más experiencia.



Os aseguro que a partir de ahora miraré los bazares chinos como auténticas cuevas de Alibabá.

Sonata de sushi


Aún con las notas de Don Giovanni en la cabeza cogí el metro dispuesta a encadenar una bonita mañana en el Auditori con mi hija pequeña con un taller de cocina japonesa en Sabores con mi hermana. 

Pensaba que enlazaría perfectamente las notas del violín con el corte de los makis y el chup chup del arroz. Pero Rika Hiromitsu se encargó de que se pareciera más al Allego en do y convirtió el taller en una divertida sesión llena de risas que  no olvidaré.

Rika, o más bien Lika. Nos adentró en el secreto de un buen arroz. El 90% del éxito de un buen makisushi. 


Consiguió que pusiera a la venta mi hijo mayor y a mi marido a cambio del subministro de por vida de sushi y nos hizo reír con su humor en un perfectísimo español. Lo que no sabía Rika es que a veces los cedería gratis.

Tras el arroz y el sushizu (vinagre para sushi). A rellenar y enrollar los maki sushis y los Uramakis encima del maki (la famosa esterilla).


Este último un invento americano que no se encuentra en Japón ni por asomo.  No la esterilla, el uramaki. Como tampoco se encuentran obviamente los makis California. ¿Aguacate en Japón?

Un poco de desafío vespertino. Pero salió.

Entre risa y risa. Rika desmintió la creencia de que el sushi es el pescado crudo. Sushi es cualquier ingrediente que contenga el vinagre para sushi. Puede ser pescado, carne, arroz, lo que sea. El pescado crudo, sushimi, sería el equivalente al carpaccio y no tiene porque ser pescado. También puede ser carne.

Un pequeña y rápida introducción a la cocina japonesa que me sabió a poco.  Como los makis y uramakis que hicimos, deliciosos. La cocina japonesa da tanto de sí, que es un lástima limitarse sólo a lo más conocido.


Ahora a por el segundo nivel. Sólo por Rika ya merece la pena.

Decorando con Sucré Brûlée


Este sábado pasado dejé la ciudad atrás. Mientras el tren avanzaba y los túneles desaparecían para abrirse a un paisaje helado con los árboles saludando, dejé el diario a un lado y escondí el smartphone para que nada pudiera romper ese momento. Me hubiera gustado inmortalizar ese momento, pero mis manos se contuvieron y dejaron descansar la cámara. Mis ojos se llenaron de paz a tan solo una hora y cuarto de Barcelona.


Un café con leche, en un bar con el cuadro del Grito presidiendo la sala, calentó mi cuerpo. Tiene que ser una buena señal.

Lidia nos abrió la puerta. En ese momento no sabía que estaba entrando en el país del "no res" (nada). Todo es fácil en sus manos, nada es difícil, mientras tu te rompes las cejas para conseguir un bigote daliano para ese Papa Noel que presidirá la tarta. Sus manos moldean el fondant a su antojo y sin perder la sonrisa.

Por cierto, ese de ahí, es mi diploma.



El país del "no res" es un piso acojedor, decorado con gusto, por mucho que Lidia y su hermana no paren de insistir en que faltan cosas. Trabajar allí hace que este momento sea aún más fácil y agradable. 

Más cuando en la mesa te esperan estas galletas y estos deliciosos cupcakes de frambuesa con crema de limón y queso.
























Todo listo para empezar. El modelo que seguiremos para crear esta magnífica tarta de dos pisos que miro de forma escéptica. ¿Seré capaz de crearla yo?



Y poco a poco toda va cogiendo forma...La tarta cubierta de fondant...



!Mi Papa Noël! Todos super concentrados. Hasta yo me callé para centrarme en lo que hacía.

¿No es guapo él? Con su ligera inclinación de cadera que desdramatiza la Navidad...



Esta es mi tercera tarta con fondant y cada vez más le cojo el gusto. Es parecido a una clase de manualidades en las que tus manos consiguen crear. Te hace creer que puedes lograr cosas bonitas. Y poco a poco ese libro que miraba de reojo me parece más simple. Y cada vez me atrevo un poquito más. Ay, esa bulimia por aprender que me caracteriza.

Pero esa bulimia, esa motivación la debo a personas como Lidia que hizo lo posible junto a su hermana Mónica para que no perdiera el tren y me acabará llevando mi tarta acabada.



Gracias por hacer que la palabra nada coja pleno sentido.

Decorando galletas

Como ya os avancé hace unas semanas últimamente persisto en la idea de volverme refinada. ¿Conseguirá vestirse de seda la mona o se quedará en mona? Bueno, si algo soy es persistente. Leáse tozuda, pesada, insistente. Por eso tras los cupcakes me he puesto  con las galletas glaseadas. Y la experiencia tengo que decir ha sido fantástica. 

Y todo gracias a Annabel de I love cookies.  Annabel ha sido un soplo de aire fresco. Sencilla, próxima, sin escatimar en conocimientos, con soluciones caseras para ahorrarte en trastos caros e inútiles. Tal y como a mi me gusta.

Una auténtica clase de manualidades esto de hacer galletas. Las horas volaron sin darme cuenta. La clase se hizo corta.


Cierto es que mi mariposa acabó bautizada como "murciélago de camuflaje" y mi sombrero se parecía a una tarta, pero la experiencia ha sido enriquecedora. Seguramente el azúcar glas y la mantequilla contribuyeron un poco pero más la sensación de estar creando una pequeña obra de arte. Digo pequeña porque las mías fueron "mini obras" desde el punto de vista puramente artístico.



Desde la masa, al glaseado y a una  pausa café para dejar secar el glaseado y continuar decorando.



Toda una paleta de colores lista para esta aprendiz de repostera, panadera y ahora más que aprendiz de artista. 


Este fin de semana me puse a manos a la obra, creo que demasiado ambiciosamente, con unos Barbapapas. Me ilusioné viendo como me salía el contorno y el relleno y me desesperé cuando convertí este personaje infantil en una especie de fantasma con el rimel corrido a las 7 de la mañana. Ignorando los comentarios sarcásticos de mi hijo mayor y mi pareja, he preferido ver la sonrisa de la peque al señalarlas mientras dice Barbapapa. Al menos no está todo perdido, como la experiencia registrada en este foto.



Un dulce beso glaseado entre harinas.


Taller de cupcakes en I love cookies


Ya hará un par de semanas. El tiempo pasa que vuela. Y también volaron las dos horas de taller en I love cookies. Más que volar es que no podía parar.
Parece increíble, pero entre harinas, o la menda que es lo mismo, se nos ha vuelto delicada y se ha cansado de ser tan rústica. 
En realidad no es tanto esto, sigo siendo la misma mulier antecessor de siempre. Me encanta las cosas auténticas. Pero no puedo negar que me apetecía probar con mangas y boquillas desde hacía tiempo. Los cupcakes eran todo un reto para mí. Reconozco que es otro mundo el de salir de la masa madre a los colorantes. Pero que sorpresa tan agradable comprobar que era capaz de hacer algo digno. Me lo pasé teta. No podía parar de dar formas. Ok, me falta práctica pero a esto le pongo pronto solución. Ya tengo el armario lleno de potecillos mágicos que esconden colores, estrellas y todo tipo de decoración. También tendré que practicar otros sabores.Que ganas de poder sorprender con estas pequeñas obras de arte.
Gusanos, flores, césped, mariquitas, todo un mundo mágico de colores, formas y aromas. Creatividad y maña. Un derroche de imaginación. No me irá mal potenciar este lado
Gracias Maria por el taller. Próximo reto: galletas decoradas.

Taller de pasta casera


Hay una dinámica común para todos los que coincidimos de taller en taller en Bonsfocs. Empezamos con el pan y seguimos con otras variantes: huerto urbano, pastelería, jabones, yogures… Rollo adictivo, vamos. El placer por hacer las cosas tu mismo con productos controlados y un sabor único engancha. El taller de iniciación a la pasta casera del pasado fin de semana era uno de los que más me apetecía. Le tenía muchas ganas. Y no me defraudó. Hicimos 4 tipos distintos de pasta: espaguetis con harina de castaña (deliciosos, pura mantequilla en la boca), ñoquis, que mi hijo se encargó de no dejarme probar, oriquiettes de espinacas y lo mejor: raviolis con ricota casera. Lo más. Los raviolis los disfrutamos juntos como merecido premio a una dura mañana de trabajo. Y son sin duda los mejores que he probado en mi vida.
La elaboración de la pasta fue finalmente menos complicada de lo que imaginaba. Aunque siempre comparando con hacer pan. Descubrí nuevas harinas: la de castaña y la semolina. Y me atreví finalmente a amasar sin el cuenco a partir de un volcán de harina en el mismo mármol. Me fascinó la creatividad y sabiduría de generaciones de mujeres para dar forma a los ñoquis y oriquiettes con un simple tenedor. Para variar, la estética no es lo mío. Se me da mejor el toque rústico, definitivamente ;-) Pero disfruté como una niña con la clase y me fui súper orgullosa a casa con mi pasta. Lo mejor sin duda otra vez el grupo y los anfitriones a quiénes pronto veré de nuevo para hacer cocas de San Juan. Ahora toca poner en práctica lo aprendido. No puedo esperar de la impaciencia. Cuando obtenga los resultados os los mostraré y compartiré sus secretos.

Bonsfocs: aroma de pan

Sábado por la mañana. La pereza se instala en mi cuerpo. Nada que no se cure frente a un buen café con leche y un delicioso pan de arándanos y chocolate. El frío se queda en la calle, tras la puerta. La calidez del ambiente me recuerda el por qué de estar allí. Seis españoles en una clase de pan francés impartido por una profesora canadiense en inglés y traducido por una holandesa con acento andaluz. Podría ser el inicio de un chiste pero no lo es. Sólo es el reflejo de la variedad cultural que abraza esta ciudad y que sin embargo comparte un mismo perfil: el gusto por las pequeñas cosas. Joan y Mónica lo han hecho posible una vez más en un espacio que intenta recuperar tradiciones a través de los fogones. Jean Benoit, magnífica profesora, hizo el resto. Descifrar ingredientes con reglas de tres, dar forma a un proyecto y sentir la voluptuosidad de la textura de la masa en tus manos. Sin prisas. El tiempo no se detiene, simplemente toma otra dimensión. Exigencia, precisión, paciencia y una buena dosis de energía para amasar. Hacer pan puede convertirse en una buena terapia anti-stress. Y entre paso y paso, una nueva oportunidad para saborear un café, entablar una charla, descubrir un poco más de la historia de ese pan, saborear una choucroute casera deliciosa o simplemente conocerse un poco mejor. No es la velocidad del tiempo la que cambia, es la calidad. El resultado: Las mejores baguettes, pain de campagne y pan brioché que he comido nunca. La prueba: pasaron el test de mi compañero francés a pesar de la poca gracia que tuve dándoles forma ;-) No puedo esperar al próximo taller: desayuno francés. Seguro que no será el último. Más información e imágenes: http://bonsfocs.blogspot.com