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Quiche de espárragos verdes y jamón de pato

Añoraba esas salidas al monte. Todos juntos metidos en el viejo coche de su padre con comida suficiente para alimentar a un regimiento. Antes de llegar, se paraban en un pueblecito para comprar la coca que acompañaría más tarde el café y algún que otro carajillo. Los largos paseos eran la excusa ideal para abrir el hambre o bajar la comida. Pero para Julia eran algo más. Abrían un mundo mágico de ruidos, olores, colores y texturas. Un mundo de códigos formados por palabras desconocidas para sus oídos como los esparrágos.

Esparrágos verdes, Huevos

Para ella siempre sería un misterio como Mariona los avistaba entre los matorrales. A decir verdad Julia nunca supo ver uno. Aunque siempre se apresurara a apuntar con el dedo dónde la vieja miraba. A los ojos de Julia, esas hierbas delgadas y verdes se antojaban poco más que como el ingrediente de alguna pócima de extraños poderes. Y,tan atrayentes como peligrosos, se negaba a comerlos temerosa de ser víctima de un embrujo.

Quiche de esparrágos y jamón de pato

Cómo se reirían ahora si la vieran batiendo los huevos, cortando con cuidado cada uno de esos espárragos verdes y finos. Podía casi oír la socarrona risa de la vieja Mariona y la media sonrisa picara y a escondidas de su abuela Camila. Casi podía verlas, apoyadas la una a la otra con esa complicidad que sólo años de alegrías y lágrimas podían dar.

Quiche de esparrágos verdes y jamón de pato

La quiche debe ser uno de los platos más maltratados. Entraron con fuerza hace unos años en España y poco a poco su nombre se encumbró bajo el de tarta salada. A mi me encantan las quiches. Presentan combinaciones infinitas y, bien hechas, son un auténtico manjar

Ingredientes para la masa brisa:

Si no os queréis complicar podéis comprarla en cualquier supermercado. Pero como a mi me gusta complicarme aquí tenéis la receta para una tarta de unos 20 cm (sobra) o unos 4 pequeñas.

250 g de harina floja
125 g de mantequilla fría (de nevera)
5 g de sal
80 g de agua fría

Precalentamos el horno a 100º. En la amasadora, arenamos la harina con la mantequilla cortada a trocitos y la sal con la pala. Vamos subiendo la velocidad poco a poco. Nos tiene que quedar como si fuera un parmesano. Esto es casi imposible de conseguir amasando a mano. Cambiamos la pala por el gancho y añadimos el agua en tres veces. Vamos parando y recogiendo la masa del fondo con una espátula de vez en cuando. La velocidad de amasado tiene que ser baja. No la trabajamos excesivamente porque la mantequilla se calienta, pero sí tenemos que conseguir que esté homogéna y flexible. Podemos terminar amasando a mano. Enharinamos la superficie de trabajo y extendemos la masa con el rodillo a unos 2 mm. Si tenemos un aro pintamos con mantequilla pomada (que se pueda batir) y forramos el fondo con cuidado, cortando con el mismo aro, y las paredes cortando la masa en tiras. Las paredes tienen que ser un poco más altas que el aro y no pueden quedar agujeros entre estas y el fondo o se escapará el relleno. Si no tenéis aros podéis utilizar el molde del que dispongáis, sólo será más difícil de desmoldar. Yo solía hacerlas antes con un molde de cerámica y lo servía con él.

Ponemos el aro o molde en una bandeja  con un papel de hornear debajo y horneamos unos 30 minutos a 100º. Si las paredes se bajan (pasa) las tendréis que volver a subir.

Si hacéis tartaletas más pequeñas no es necesario hornearlas antes.

Ingredientes para la salsa:

125 g de nata líquida
125 g de leche
2 huevos
sal, pimienta, nuez moscada

Batimos los huevos con la nata, la leche y una pizca de sal. Condimentamos con un poco de pimienta y de nuez moscada.

Ingredientes para el relleno:

una docena de esparrágos verdes escaldados con agua hirviendo
50 g de jamón de pato o del que tengáis
100 g de emmental rallado

Cubrimos el fondo de la quiche con el queso. Cortamos las puntas de los espárragos que hemos escaldado previamente con agua hirviendo y reservamos unas cuentas partidas por la mitad. Ponemos el resto encima del queso. Extendemos el jamón por encima de los espárragos. Vertemos la salsa encima y colocamos como decoración las puntas que habíamos reservado encima.

Horneamos a 180º unos 25 minutos o hasta que esté dorada y cuajada.

Sé que la foto no le hace justicia pero creedme si os digo que está deliciosa.


Samosas de verduras

Estirar el cuerpo como si quisiera tocar el cielo, y crecer, crecer. Julia se levantó sobresaltada esa mañana. Sobresaltada por el vacío en su cama. Sobresaltada por el sentimiento que aún le provocaba ese vacío. La luz del despertador se abría en la oscuridad. Se levantó.

Desde el cristal del balcón las calles estaban sin vestir. El silencio las cubría con su muselina pudiente. Su estomago llenó ese vacío con el desasosiego de su cuerpo. Dejó que sus pies sintieran el suelo. Poco a poco las puntas de sus dedos se alzaron. Y su cuerpo se elevó. Crecer, crecer hasta tocar el cielo.

Su torso se dobló, los brazos se abrieron y giró, giró. Bailó, bailó, hasta que el desasosiego se convirtió en lágrima, en rabia, en risa y se evaporó. Y el vacío de la cama le pareció bello y la inmensidad del piso una inmensa alfombra roja que saludaba a su alma. Y su sonrisa creció, creció.

Hoy cocinaría para ella.

Samosas de verdura

Como sabéis mi hijo mayor se hizo vegetariano hace ya un tiempo y la cocina vegetariana está cada vez más presente en casa. Intento buscar formulas que huyan del típico hervido. Hoy me he decidido con este aperitivo de verduras típico del sur de Asia fácil de preparar y que puede vestir la mesa de invitados de forma un poco distinta.

Ingredientes:

200 g de verduras variadas (zanahoria, espárragos, calabacín, berenjena)
Una pizca de Raz el Hanout (lo encontraréis en muchos supermercados pakistaníes)
5 hojas de pasta brick (ahora la tienen hasta en el Mercadona)
1 yogur griego
Cebollino picado

Lo primero que haremos es cortar las verduras en brunoise. Es decir en daditos de unos 2mm. Muy pequeñito. No hace falta pelar las verduras. Una vez tenemos lista la verdura, la salteamos en una sárten con aceite y una pizca de especias Raz el Hanout. Empezamos salteando la verdura que más tarda en cocerse: la zanahoria y la berenjena y luego añadimos el resto. Dejamos reposar y preparamos las hojas de brick.

Esta receta es para hacer samosas como aperitivo y por lo tanto las haremos pequeñas. Pero por supuesto podéis hacer el tamaño que más os apetezca.

Cortamos las hojas en tiras rectangulares de 4 cm de ancho por 15 de largo. Lo dicho, esto es para hacerlas pequeñas. Ponemos en un extremo un poco de verdura, dejando un espacio arriba. Doblamos una punta de la pasta en diagonal de manera que cubra la verdura. Tiene que quedar como un triángulo y abajo el resto de la masa brick vacía. Doblamos el triangulo hacia delante y vamos enrollando de esta manera hasta llegar casi abajo del todo. En diagonal y hacia abajo. Al final cerramos como si fuera un sobre. Colocando el extremo de abajo dentro del triangulo como si fuera un sobre. Puede parecer complicado pero ya veréis que hasta puede ser divertido. Y si no queda perfecto tampoco pasa nada.

Una vez tengamos nuestras samosas, las freiremos en aceite caliente, vuelta y vuelta. También las podemos hacer al horno si las queremos más ligeras.

Yo la acompañé con yogur mezclado con cebollino picado. Pero también lo podéis acompañar con nata, nata espesa y limón o un chutney.

El relleno también lo podéis variar con otro tipo de verduras como los guisantes y la patata. De hecho podéis también ponerle carne o incluso dulce. Sí, relleno con masa de brownie por ejemplo. La imaginación os la dejo a vosotros.


Aperitivos de manzana y foie

A Aina le gustan los detalles. En su foro interior le encantan las fiestas familiares, pero se siente desbordada. A Aina le gusta sorprender a sus comensales con aromas de otros mundos, los aperitivos que se alargan mientras de fondo la música acompaña conversaciones cada vez más animadas. Nada queda al azar. Por eso prefiere las cenas con amigos donde realmente ejerce de anfitriona.
El menú lleva semanas pensado y se ha decidido por hacer aperitivos sencillos, combinados con algunos comprados para poder disfrutar de las conversaciones mientras entra y sale con gracia de la cocina para ultimar la cena. Hoy es un día especial. En el sofá se sienta él, abrazando a quién aún es su mejor amiga. Hoy se ha decidido pues por combinar lo dulce con la salado. En la mesa destacan los aperitivos de manzana y foie.


Aina no está triste, en su corazón no alberga ningún rencor. Se siente profundamente feliz por ellos. Viéndoles juntos se siente completa. Los tres amigos de infancia, con los que jugó horas sin acordarse de volver a casa con las rodillas peladas y el alma llena, se complementan allí perfectamente alrededor de la pequeña mesa frente al sofá. Juntos nada parece imposible. La sonrisa se impone como nota natural.



Aperitivos de manzana y foie

Como a Aina no me gusta mucho complicarme con los aperitivos. Me gusta poner unos pocos, que sean ricos, pero sin complicaciones. Estos veréis que son muy fáciles porque no me he molestado ni en hacer el hojaldre. A veces hay que encontrar un equilibrio porque estas fiestas, aunque alegres para mí, pueden suponer un auténtico reto de gestión de tiempo y acabas por no disfrutar.

Ingredientes:

100 g de foie crudo (yo lo he comprado congelado en la Sirena, ya véis)
1 manzana golden o reineta
Caramelo en polvo (triturando caramelos neutros en la minipimer, o en su defecto caramelo ya hecho)
150 g de masa de hojaldre

Precalentamos el horno a 180º y horneamos en una bandeja cubierta de papel de hornear la lámina de hojaldre. Le ponemos otra bandeja encima para que haga de peso y no suba tanto. Dejamos hornear unos 10 minutos.

Cortamos la manzana en dados muy pequeños, de 1 mm. Rellenamos moldes con una capa de caramelo el fondo de los moldes que utilizaremos para cocer la manzana. Idealmente de silicona, redondos y pequeños. Colocamos la manzana encima la manzana cortada a dados y horneamos a 180º unos 15 minutos o hasta que esté bien cocida. Enfríamos y desmoldamos encima del hojaldre que habremos cortado previamente.

En una sartén, sin aceite, salteamos el foie y lo colocamos encima de la manzana.

Para terminar, si tenéis un quemador, podemos poner un poco de azúcar encima del foie y quemarlo con la pala.



Aprovecho para informaros que la semana que viene no publicaré porque viajaré a la France para pasar las fiestas con mi familia política. Pretendía programar las entradas pero un trabajo a full time, dos niños y los encargos me han impedido organizarme debidamente. Y he pensado que igualmente todos nos merecemos desconectar de vez en cuando.

Os deseo una felices fiestas con los vuestros. Sea cual sea vuestra forma de celebrarlo. Nos vemos antes de año nuevo. 

Sopa de salmón

Tras la ventana, las manos abrazando la taza, miraba los copos de nieve caer. Le costaba identificar más allá del buzón. Las velas y la calefacción en el interior de la pequeña cabaña la envolvían en un aura de calor. Calor exterior, paz interior. Parecía que cada detalle en la casa estuviera pensado para su bienestar interior. La madera, las mantas, las cortinas, las velas y esa vieja mesa a su espalda donde el plato de sopa de salmón humeaba indiferente a lo que pasaba fuera.


Se encontraba sola en la sala que hacía de cocina y de salón. Y solo deseaba que el tiempo se congelara, como el cubo de agua de la puerta de la entrada.

Era la tercera vez que la visitaban, y la primera que se aventuraban en esta época del año. Apenas podían salir y uno se preguntaba porque irse tan lejos para quedarse en casa.

Pero sabían que este viaje hasta su querida Finlandia era una bendición para su relación. Los niños, la casa, la rutina diaria les había hecho olvidar qué los había unido.



Rencontrarse. Necesitaban recontrarse. Y para ello no dudaron en hacerlo alrededor de una sopa de salmón.

Sopa de salmón
(Lohikeitto)

Este es un plato original de Finlandia que nos encanta y que hacía mucho que no preparaba. Se suele servir acompañado con pan de centeno y es ideal para el invierno, a la vez que una buena opción para sorprender a invitados. Espero que os guste.

Ingredientes:

1 filete de salmón de 500 g
1,5 l de agua
200 ml de nata líquida
50 g de mantequila
2 cebollas
4 patatas
Pimienta negra en grano
Pimienta blanca en grano
Sal
Eneldo

Pelamos las patatas y las cortamos a dados. Laminamos las cebollas. Mientras ponemos a hervir el agua en el fuego y le añadimos la sal, 5 granos de pimienta negra y 5 de blanca, las cebollas y las patatas. Dejamos hervir todo junto un cuarto de hora más o menos. Troceamos el filete de salmón en dados pequeños y los añadimos a la olla junto a la nata y el eneldo. Lo dejamos hervir unos cinco minutos y el último momento añadimos la mantequilla para ligar el caldo.

Se sirve bien caliente con un poco de eneldo espolvoreado por encima.


Coca de recapte

La detestaba, la sola mención le producía urticaria. Por mucho que su madre se lo intentará vender argumentando los miles de beneficios, él no otorgaba a un trozo de verdura chamuscada ninguna virtud. Escalivada. Hasta el nombre le sonaba a rancio. A película anticuada con colores exagerados. Más de una vez un ejercito de hormigas habían dejado al descubierto sus inútiles esfuerzos por camuflarla en los lugares más inverosímiles. Su madre andaba desesperada, más porque la Mariona no paraba de decir lo mucho que le gustaba al niño la escalivada que le preparaba.


El médico de la familia les había dejado claro que el menudo cuerpo de su hijo lo que necesitaba era una buena dosis de pan con tomate y verduras. Pero Joaquim se cerraba en banda. El día que la Mariona le dijo que por qué no le daba la verdura escalivada con lo que le encantaba al Joaquim, un calor propio de un volcán le entró por la boca del estómago. Pero la Mariona se negaba a contarle cómo lo hacia. Esta desvergonzada se creía la reina de la casa. No había cosa que más adorara que tener a los críos detrás de la falda. Era su forma de retarla. ¿Cómo osaba desafiarla así?


De vez en cuando Cinta recuperaba su rol de señora casi de forma teatral. Con gestos y ademanes tan exagerados que sus hijos no podían más que ocultar su risa. 

De unos tiempos para acá pretender recuperar su papel de señora se había convertido en un refugio desesperado a las ausencias cada vez más frecuentes de su marido. Y la Mariona se lo perdonaba. Pero le gustaba hacerse de rogar. Era un juego de fuerzas entre mujeres. Un juego que solía acabar entre abrazos y sollozos sin palabras alrededor de la mesa de la cocina.


El secreto de la La Mariona era esta coca de escalivada encima de un pan de coca acompañada de los restos de comida de otros días: salchichas, sardinas...lo que encontraba. Una coca de recapte con la que participo este mes en Memòries d'una cuinera. Obviamente Mariona había entendido que el secreto era no mencionar su nombre.


Coca de recapte

Ingredientes para la escaliaba:

1 berenjena generosa
1 pimiento

La escalivada es un plato típico de mi tierra, Cataluña, y es simplemente deliciosa. Se puede hacer al horno envolviendo cada pieza por separado en papel de aluminio y horneando unos 40 minutos a unos 170º. También se puede escalivar tomate o cebolla. Y hornear directamente sin el papel de alumino pero entonces tardará un poco más. Es recomendable pinchar la berenjena para que no explote. Pero, yo no la hago así...a mi me encanta asarla directamente encima de los fogones e ir volteando las verduras. Reconozco que los fogones no quedan muy bonitos pero el gusto de la verdura asada directamente al fuego, para mí es mil veces mejor. Una vez asada la verdura, se pela y se corta en tiras con las mismas manos. Normalmente se come con pan con un poco de aceite y sal y acompañada de sardinas.

Ingredientes para la masa:

250 g de harina de media fuerza
15 g de levadura fresca
30 g de aceite de oliva
5 g de sal
140 g de agua

Precalentamos el horno a 200º. En el bol de la amasadora amasamos todos los ingredientes con el gancho, excepto el agua que añadiremos en tres veces. Amasamos hasta que la masa sea flexible. Acabaremos a mano. Al llevar aceite no es necesario poner harina en la mesa, si acaso le podemos poner un poco de aceite.

Dividimos la masa en dos y extendemos, ahora sí con harina, con la ayuda del rodillo. Tiene que quedar fina y estrecha y darle forma ovalada. Pinchamos la masa con un tenedor y ponemos nuestras cocas sobre una bandeja con papel de hornear.

Para que nos quede crujiente haremos una precocción horneandolas unos doce minutos con una bandeja encima que haga de peso e impida que suba mucho.

Una vez tengamos las cocas precocidas distribuímos la escalivada por encima y la pintamos bien con aceite y sal. Volvemos a poner las cocas en el horno 10 minutos más. Luego cortamos salchichas, butifarra o sardinas. O todo junto. También queda bien con queso de cabra o atún. Lo extendemos por las cocas. Dejamos hornear entre 5/10 minutos más.

Están de escandalo. No tienen nada que envidiar a una pizza. Y son mucho más saludables.
La receta es de Hofmann.

Rollo de espinacas, calabaza y ricotta

A Eleonor le gusta despertarse con la luz de la cocina. Con los ojos aún pegados, el parqué del corredor cruje bajo sus menudos pies. Se adentra en la oscuridad cogida a su muñeca, que varia según su humor. Es un camino que la llevara al ruido familiar de su madre aún desayunando o tecleando en el ordenador.

A Eleonor a veces los ojos le pesan tanto que se deja caer sin más en los brazos de su madre como un panecillo acabado de hornear. Las mañanas son lentas, sus gestos mesurados. A Eleonor le gustan las mañanas perezosas sin compromisos y de dulce despertar.

Hoy no habrá escuela y podrá alargar ese momento un poco más.


Las mañanas del fin de semana el ruido de su madre varía. Su teclear se transforma en un abrir y cerrar cajones y armarios. En caramelos y mandarinas en el mercado y el sonido del carro rodando sobre las baldosas .


Un ruido frenético, lleno de colores y olores que invaden cada paso de su madre. De manos que moldean y mezclan. Y sin embargo a Eleonor las mañanas de los sábados son las que más le gustan.


Y no os podéis llegar a imaginar como deseaba cerrar esta semana. Cerrarla y desconectar de todos menos de la cocina y la familia. Casi no llego. Un último esfuerzo más. Sólo un poquito más y el despertador se dormirá y el desayuno se alargara mientras leo algún post o repaso la receta que quiero preparar.  El ritmo del sábado siempre acelerado: actividades, compras. Pero es como la preparación para un día de relax como el domingo donde hasta me permito arriesgarme a perder la luz para las fotos. Para mi los sábados son como una víspera de Navidad permanente. No sé si os ocurre un poco lo mismo.

El vegetarismo de mi hijo me está estimulando a buscar nuevas recetas y este último fin de semana preparé este rollo de pasta relleno de espinacas, calabaza y ricotta.



Es una receta tradicional italiana que recoge Jamie Oliver en su libro La cocina italiana de Jamie Oliver. Y no os voy a engañar requiere un poquito de tiempo y paciencia.

Rollo de espinacas, calabaza y ricotta
(rotolo di zucca e ricotta)

Primero tendremos que elaborar la pasta fresca al huevo. Necesitaremos 455 g y la elaboraremos poniendo 600 g de harina del tipo "00" sobre la superficie de trabajo o en un cuenco. Hacemos un volcán y echamos 6 huevos en el interior. Batimos los huevos con un tenedor y lo mezclamos con la harina y amasamos. Tiene que quedar una masa sedosa y elástica. La cubrimos con film y la dejamos reposar media hora en la nevera.

Esta receta es una receta básica para pasta.

Ingredientes para el rollo:

455 g de pasta fresca
1/2 calabaza (no muy grande)
Aceite de oliva
1 cucharadita de semillas de cilantro
1 cucharadita de semillas de hinojo
1/2 guindilla roja
Sal y pimienta negra
Un puñado de hojas de mejorana u orégano fresco
2 dientes de ajo
800 g de espinacas frescas y lavadas
250 g de mantequilla sin sal
nuez moscada
150 g de ricotta
55 g de parmesano rallado
Unas 20 hojas de salvia fresca

Una vez tenemos la pasta hecha, precalentamos el horno a 220ª y cortamos la calabaza en trozos grandes. Los ponemos en una bandeja sobre papel de hornear y los pintamos con aceite. En un mortero picamos las semillas de cilantro e hinojo y la guindilla con una pizca de sal y pimienta. Echamos la mezcla sobre la calabaza, la cubrimos con un papel de hornear y la horneamos unos 30 minutos. Despues quitamos el papel y seguimos hornearndo unos 15 minutos más. En una cazuela bien grande ponemos un poco de aceite de oliva, la mejorana y el ajo. Salteamos 20 segundos y añadimos las espinacas que desprenderan agua. Vamos moviendo las espinacas con la ayuda de unas pinzas y añadimos un par de cucharadas de la mantequilla y nuez moscada (a gusto). Seguimos removiendo hasta que las espinacas se reduzcan y desaparezca el agua. Es increíble ver en lo que se quedan 800g de espinacas! Sazonamos y dejamos enfriar.

Para alisar la pasta yo utilicé el rodillo sobre la mesa de trabajo espolvoreada con un poco de harina. Tenemos que conseguir un rectángulo del tamaño de una servilleta y el grosor de un posavasos y esta es la parte más difícil porque requiere un poco de fuerza.  A mi me ayudó dejar colgar parte de la masa fuera de la superficie de la mesa para apoyar con más fuerza sobre el otro lado. Una vez lo tengamos, ánimos, ponemos el rectángulo de masa sobre un trapo limpio que es el que utilizaremos para enrollarla y cocerla.

Distribuimos una tira de calabaza por el borde más largo y más cerca de nosotros. Echamos las espinacas por el resto de la masa dejando un margen en el extremo contrario. Esparcemos la ricotta desmenuzada por encima de las espinacas y espolvoreamos con espinacas. Entonces empezamos a enrollar la masa desde el borde del trapo que tengamos más cerca hacia delante, como si quisiéramos hacer un brazo de gitano. Cerramos el trapo con la ayuda de un cordel, dejando un trozo largo en el extremo que nos ayude a tirar del rollo.

Vamos a necesitar una cazuela grande. Lo suficiente para que quepa el rollo y lo podamos cubrir con agua. Esto es importante porque sino os va a pasar como a mí que tenía que ir girando el rollo y quemándome la punta de los dedos. Llenamos la cazuela con agua hirviendo y sal e introducimos el rollo. Para que se mantenga sumergido podemos poner un plato encima. Lo dejamos cocer unos 25 minutos.

A parte en un cazo doramos la mantequilla. Desechaos el suero y nos aseguramos que esté bien caliente echando una hoja de salvia. Si se fríe bien podemos añadir el resto de hojas de salvia unos segundos hasta que queden crujientes.

Cuando el rollo está cocido, sacamos el cordel lo desenvolvemos y lo cortamos en rodajas. Esparcimos las hojas de salvia por encima, la mantequilla con sabor a salvia y parmesano.

Un plato de festivo!

Se me ocurre que en forma de raviolis tiene que estar también genial con una salsita de queso...ñam

Tarta de tomate rápida en el Balcón Verde



Sé que estoy vivo en este bello día acostado contigo. 
Es el verano. Acaloradas frutas en tu mano vierten su espeso olor al mediodía.
(Jorge Gaitán Durán)

Cambio de estación. Nuevos proyectos y promesas. Promesas que nunca llegan a cumplirse. El verano tiene algo de efímero por la intensidad en qué brillan las estrellas cuando iluminan las mesas como un manto, por el olor a salitre del mar, de tierra embebida de sol, de noches que se alargan hasta la madrugada.

Cambio de estación y nueva colaboración con El Balcón verde en su sección del Huerto a la mesa. En esta ocasión con una tarta de tomate con mostaza muy sencilla directa de Francia, especialidad de mi pareja. La tarta, no la sencillez.

Si queréis ver la receta y  conocer algo más sobre el cultivo de tomates solo tenéis que seguir el link.

 

Quiche de tomate y queso de cabra

De pequeña soñaba en campos de cerezo. Aún ahora si cierra los ojos puede sentir las colas de las cerezas filtrarse entre los dedos de sus manos.

Los campos sobre los que sus pies caminaban descalzos se convirtieron con el tiempo en las baldosas de una terraza donde se imaginaba vistiendo la larga mesa iluminada por guirnaldas de color y las manos aún oliendo a tomates recién cortados.

Ahora la terraza cada vez se le antoja más lejana y cuando abre el balcón solo ve el feo edificio que le robó la luz a hurtadillas con un capazo bajo el brazo.

Las flores que cubren el suelo agrietado y gris, le permiten soñar por momentos. Como la vieja doncella que no fue capaz de encontrar un novio y se recrea con su viejo y polvoriento ajuar. Ha puesto cojines en el suelo y en la barandilla las guirnaldas intentan quitar protagonismo al lúgubre cartel de se alquila.

Si cierra los ojos aún puede notar las colas de las cerezas y el olor de tomate recién cortado entre sus manos.

¿Y si compramos una mesa para el balcón? Anuncia con los ojos alegres de la niña de antaño. Pero la realidad se le impone. ¿Y si la hacemos nosotros? Que bien se estaría tomando una copa. Casi puede sentir la brisa veraniega en sus brazos. Para qué seguir engañándose. Son sus miedos aflorando a flor de piel.

Quiche de tomate deshidratado con queso de cabra
Para la masa brisa: 250 g de harina floja, 125 g de mantequilla fría, 5 g de sal, 80 g de agua
Para el relleno: 200 g de rulo de cabra, 7/8 tomates pera, tomillo y aceite de oliva
Para la salsa: 125 g de nata, 125 g de leche, 2 huevos, sal, pimienta y nuez moscada

Empezamos deshidratando los tomates al horno. Para ello primero les hacemos una cruz en el culo, los escaldamos un minuto en agua hirviendo y luego los volcamos en un bol con agua fría, mejor con cubitos de hielo. Les sacamos la piel y los cortamos en gajos quitando las semillas. Los disponemos encima de una bandeja con un silpan, añadimos sal, romero y aceite y los dejamos en el horno entre una hora, hora y media a 80º. Si nuestro horno no tiene tiro para sacar el vapor, como el mío, dejamos un poco entreabierto el horno.

Para hacer la masa brisa es mejor con amasadora. Ok, sí se puede comprar hecha, pero es que no es lo mismo. Amasamos la harina con la mantequilla y la sal con ayuda de la pala y subiendo poco a poco la velocidad. Tiene que quedar como si fuera parmesano. Luego cambiamos la pala por el gancho y vamos añadiendo en tres veces el agua. No la trabajamos mucho y siempre a velocidad baja porque no nos interesa que se cree mucho gluten. Una vez la tenemos la filmamos y la guardamos en la nevera una horita más o menos. Esta masa se puede congelar pero en esto caso es mejor extenderla. Sin embargo no se puede dejar de un día para el otro en la nevera porque se oxida. Se puede añadir 50 g de yema restando un poquito de agua (unos 20 g) y también se puede sustituir 25 g de harina por 25 g de almidón o fécula para que no suban tanto las paredes.

Una vez tenemos la masa, la extendemos con unos 2 mm de grosor y forramos el molde bien de manera que no queden espacios vacíos entre la base del molde y la base de las paredes. Es importante hacerlo sin prisa. Las paredes tienen que sobresalir un poco por arriba pero cuidado que no cubran los bordes o una vez cocida no la podréis sacar. Yo he utilizado un aro de 20 cm, en este caso he puesto la masa por encima del aro. También se puede hacer con aros pequeños de 10 cm y 2 de alto para hacer quiches individuales, quedan geniales.

Si la tarta es grande es mejor dejarla un par de horas fuera y luego precocerla a 100º durante 30 minutos sin poner nada dentro. Mientras esté caliente le podréis volver a dar forma si se levanta la base o se bajan las paredes. Para tartas pequeñas no hace falta hacer esto.

Para hacer la salsa es tan simple como batir todos los ingredientes juntos. Luego cubrimos la base con el queso a trocitos, cubrimos con el tomate y vertemos la salsa dejamos hornear a 180º durante unos 20/25 minutos para las individuales y unos 40 minutos si es grande. Más rica imposible.


Montaditos de migas con huevos de codorniz

Silencio. Como un paréntesis que se abre y se cierra en la línea del tiempo. Silencio. Para ordenar ideas, parar mi mente, para simplemente regalármelo. Han sido dos semanas dónde me he permitido desconectar. He aprovechado que Maite impregnara el blog con un aire completamente renovado para hacer una pausa. Mentiría si dijera que he estado parada, pero me he dedicado a mimarme un poco. Y a rencontrarme con el fondant con un encargo de una compañera de trabajo. 

Durante estas dos semanas he vuelto con muchas ganas de hacer fotos, de explicar cosas, de aprender y seguir adelante a mi ritmo sin presiones por las visitas al blog o por ganar visibilidad. Me he rencontrado con la chica que ama leer libros en el balcón y saludar a las flores a media mañana. Me apetece volver a hacer fotos y cocinar por puro placer.


Sí, hoy no tengo ninguna historia que contaros. Sólo puedo abriros una ventana a la chica que hay detrás del blog y que hoy disfrutó de una conversación en la cafetería con una amiga mientras las niñas hacían música. La que hoy se peleaba por hacerse un selfie y la que sufre viendo mi querido barrio en pleno estado de sitio por el desalojo de un símbolo de la okupación. Una ventana cubierta de gotas por la lluvia que viene a remover toda la tierra y que espero sea fértil. 


Todos deberíamos permitirnos cada cierto tiempo un paréntesis, aunque sea difuminado. El mayor que tuve fue durante mi baja de maternidad ya hace tres años. Creo que las tapas y las terracitas en buena compañía tuvieron algo que ver en mi estado de ánimo.

Estas os las dedico a vosotras y al reto de este mes en Memòries d'una cuinera. Unos montaditos muy sencillos pero con los que no fallaréis.



Montaditos de migas con huevos de codorniz
Ingredientes para 6 personas: 6 huevos de codorniz, 125 g de chistorra, media barra de pan, 2 dientes de ajo, aceite de oliva, sal y pimienta

El día antes, troceamos la mitad de la barra de pan y la desmigamos en trocitos pequeños, los humedecemos ligeramente de agua salpicándolos con las manos y los envolvemos en un trapo húmedo. Al día siguiente cortamos el resto de pan en rebanadas de un dedo de grosor y las tostamos. Aparte cortamos las chistorras en trozos de unos dos centímetros, pelamos los ajos y doramos en una sartén con aceite los ajos con las chistorras. Añadimos las migas, salpimentamos y dejamos tostar a fuego lento unos 15 minutos removiendo. En otra sartén freímos los huevos. Cubrimos las tostadas con las migas, los huevos y las chistorras y ya está. Algo que queda muy rico es añadirle uvas partidas en dos maceradas durante 10 minutos en moscatel. Pero ahora no es la temporada y he preferido no añadirlas.

Tajine de cordero con alcachofas y guisantes

Rizos de negro azabache, como sus ojos. Sonrisa interminable, mirada picara y una belleza salvaje y femenina. Me la imagino en la cocina. Sus manos hábiles cortando las verduras. Conocimientos transmitidos generación tras generación. Me quedaría horas mirándola en silencio por miedo a romper la magia.


Las alcachofas y yo nos hemos conocido recientemente. Supongo que la palabra sería rencontrado. Y de hecho aún estamos en esa etapa de relación donde intentas descubrir en el otro sus puntos fuertes y los débiles. En mi caso suelo buscar los débiles, lo confieso.

Nunca he sido un gran amante de las alcachofas. Y no hace mucho las empecé a disfrutar salteadas o en tortilla. El paso más reciente ha sido comerlas hervidas. Un hecho tan insólito que tuve que repetírselo varias veces a mi pobre madre que no se lo creía. 

Y ahora en esa búsqueda del otro, le estoy encontrando nuevas formas. 


Este post va dedicado a Jihad que me sugirió en FB esta magnífica receta publicada en Delicooks. Va por tí guapa.



Tajine de cordero con alcachofas y guisantes
Ingredientes: 500 g de carne de espalda de cordero cortado en trozos y sin grasa, aceite de oliva, 400 g de guisantes congelados, 6 corazones de alcachofas (yo las corte por la mitad), 1 cebolla, sal, pimienta, finas hierbas, 3 dientes de ajo, comino o harisa (optativo) y cilantro. Elaboración: en una cazuela (el día que tenga una de tajine daré saltos), calentamos el aceite y doramos la cebolla picada fina junto con el ajo (también picado) hasta que esté dorada a fuego lento. Añadimos la carne y la doramos dándole vueltas. Cubrimos con agua y añadimos la sal, la pimienta, las finas hierbas y el comino o harisa (optativo). Dejamos cocer a fuego bajo una hora más o menos. Vamos añadiendo agua si es necesario. Añadimos los guisantes y las alcachofas y dejamos cocer 15 o 20 minutos más. Servimos con cilantro o como me dijo Jihad con limón confitado cortado en láminas (esto tengo que aprender a hacerlo). ¿No es tan complicado verdad?


Patatas rellenas con jamón y queso azul

En estos momentos aunque no os lo creáis estoy moviendo maletas y buscando objetos perdidos debajo de la cama de un hotel en Fez en lo que espero haya sido un fin de semana lleno de fotografías, colores y olores a especies. En la maleta me he llevado el delantal, la bata y una caja de pasteles porque tan pronto aterrice a Barcelona tendré que salir corriendo a clase. No me arrepiento porque estas escapadas fuera de temporada son las mejores y normalmente las más necesitadas.


Antes me he tomado unos días que necesitaba a gritos para poner las cosas en perspectiva y también ver tutoriales para el blog que nunca pude ver en su momento. Como era de esperar no pude hacer ni un cuarto de las cosas que me planteaba. Cabe decir que mi lista era larga. Pero entre la comida del mayor, el cole de la peque y mil encargos más el tiempo para mí ha quedado bastante reducido. 

Aún así, me han permito hacerme un esquema de lo que quiero y ahora se tratará de ponerlo en marcha. Pude también empezar con calma el curso de fotografía de Luisa Morón y adelantar incluso este post que es propuesta mensual de Memòries d'una cuinera.



La primera confesión es que nunca había hecho patatas rellenas de nada y me ha sorprendido lo fáciles que son de hacer.

Se trata de una mezcla de sabores con personalidad que me ha encantado. Una buena solución sin duda para lucir la mesa en estos días aún de invierno.






Patatas rellenas
Ingredientes para 4 personas: 4 patatas 4 cucharadas de nata líquida 3 cucharadas de queso Emmental rallado 50 g de queso azul 75 g de piñones 1 ramita de albahaca 50 g de jamón serrano 1 cucharada de vino blanco Elaboración: Lavamos las patatas y envolvemos una por una con papel de aluminio. Precalentamos el horno a 190º y cuando esté caliente horneamos las patatas unos 40 minutos. Quitamos el papel de aluminio, dejamos enfriar y las abrimos por la mitad. Las disponemos sobre una bandeja de hornear y quitamos un poco de pulpa. Aplastamos la pulpa con un tenedor hasta conseguir un puré. Lavamos la albahaca y cortamos finita. Aplastamos el queso azul con un tenedor y lo mezclamos con el vino y la nata líquida. Añadimos la albahaca y el jamón picado, el queso rallado y los piñones. Mezclamos bien. Sólo nos falta rellenar el hueco de las patatas con el puré y la mezcla de queso. Lo dejamos al grill unos 5 minutos y voilà!



Frigoles refritos


Este post es muy especial. O al menos lo es para mí. Hoy empezó La Gran Recapte de Aliments que organiza cada año el Banc dels Aliments.

Entre hoy y mañana se recogerán alimentos básicos en todos los supermercados y mercados de Cataluña. El objetivo es informar y sensibilizar de la pobreza en nuestro país y colaborar con el Banco de Alimentos.

Una de las iniciativas dentro de esta campaña es Blogs contra la fam (Blogs contra el hambre). Se trata de disfundir a través de la blogosfera y Facebook la recogida de alimentos publicando recetas elaboradas con elementos básicos (legumbres secos, leche, aceite y latas de conservas de pescado).

Y he pensado colaborar con estos frigoles refritos:





En España, 8 millones de personas,alrededor del 20% de la población, vive con ingresos inferiores al 50% de la renta per cápita nacional.


La extensión de la pobreza en los países de la Unión Europea revelan que España cuenta con tasas de pobreza superiores al promedio de los Doce, sólo sobrepasadas por Portugal y Grecia.


La crisis ha llevado a este lumbar a familias que nunca hubieran imaginado encontrarse en esta realidad. Parece que no vaya con nosotros pero, creedme, nos puede pasar a cualquiera. 

Mañana llenemos los mercados y colaboremos. 

Ingredientes:
  • 1 cebolla mediana
  • 2 tomates grandes maduros
  • 200 g de frijoles rojos o negros (cocidos). También los podemos dejar en remojo toda la noche y hervirlos con un poco de salar a fuego bajo durante 1 hora más o menos)
  • 1 chile de árbol seco o una guindilla seca
  • Una pizca de azúcar (si es morena mejor)
  • Sal
  • Aceite

Ponemos a calentar un poco de aceite en un sartén y sofreímos el chile o la guindilla para que el aceite tome el sabor de esté.

Lavamos los tomates y los cortamos a cuadritos. Retiramos la piel de la cebolla y la cortamos también en cuadratitos pequeños. Lo añadimos al aceite y lo sofreímos. Cuando ya esté vertemos los frigoles cocidos, una pizca de azúcar y luego lo trituramos como si fuera una papilla.

Pasamos otra vez al fuego, a fuego lento, durante unos 30 minutos dándoles vueltas de vez en cuando hasta conseguir la consistencia. Debe quedar una pasta espesa manejable.

Esta receta es de Aula Gastronómica. Quizá no es lo más fotogénico del mundo pero están muy ricos. 



Tarta de rebozuelos y queso a la sueca

¿Sabíais que en Suecia los rebozuelos son un auténtico símbolo de identidad? ¿Y que pesan por litros y no por gramos? O por puñados...Para ello utilizan un vaso medidor.

Todo esto lo aprendí en un taller de cocina nórdica impartido por el Club Escandinavo de Barcelona y Fes-te Farinetes hace unas semanas. 

Lo mejor pero, fue la cena con un bonito grupo de mujeres que no nos conocíamos de nada antes en la que había sido un tarde difícil para mí. Lo segundo disfrutar de los productos que nos brinda el otoño con recetas diferentes y super sabrosas.


El taller forma parte de un ciclo de cocina nórdica que seguramente repetirá visto el éxito que ha tenido. 

Ya os he contado en otras ocasiones que tengo un cariño especial a Finlandia y Escandinavia. No sólo por la belleza de sus países, sino por su mentalidad, la escala de valores que tienen y muchas cosas más. Las noches son largas, frías y oscuras. No es fácil adaptarse pero las casas y locales lo compensan con una calidez única y muy especial.

Junto a la tarta salada, hicimos una tarta de manzana con mazapán y un crumble que muy pronto pienso mostraros.

¿Empezamos con algo salado para variar?



Ingredientes para la base:
  • 150 g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 400 ml de harina integral o de espelta
  • 2 cucharadas soperas de agua fría
  • 1 cucharada pequeña de sal
Mezclamos la mantequilla con la harina y la sal y añadimos el agua. Trabajamos la masa hasta que quede homogénea. Formamos una bola, la cubrimos con film y la dejamos reposar en la nevera una media hora. 

La sacamos y si está muy fría la dejamos templar un poco para poderla trabajar.

Precalentamos el horno a 200 grados. Mientras con el rodillo alisamos la masa. 


Ingredientes para el relleno (ojo que son en miligramos):
  • 1000 ml de rebozuelos (sí habéis leído bien). Equivale a unos 200 g.
  • Mantequilla salada
  • 2 cebollas picadas
  • 4 huevos
  • 150 ml de crème fraîche (nata espesa)
  • 150 ml de queso curado de sabor intenso rallado. Yo utilicé un parmesano regianno
  • 100 ml de cebollino picado
  • Pimienta negra (y sal si hace falta)
Picamos las cebollas, el cebollino, rallamos el queso y cortamos a trocitos los rebozuelos. Freímos los rebozuelos junto las cebollas picadas con mantequilla salada (sed generosos) . Batimos los huevos ligeramente y añadimos la crème fraîche, los rebozuelos junto la cebolla fritos, el queso rallado y el cebollino. Añadimos un poco de pimienta y sal si hace falta (con la mantequilla no suele ser necesario). Vertemos la mezcla en el molde con la base.

Horneamos durante unos 15/20 minutos o hasta que el relleno se solifique y esté dorado.

Dejamos enfriar un poco antes de servirlo. 

Nosotros lo acompañamos con una ensalada con hijos. Delicioso. La base con la harina integral le da un sabor muy rico.

¿Os animáis?





Guacamole con mango

Hubo un tiempo, tiempo ha, donde no tenía excesivas visitas y cuando las había preparaba con tiempo el menú. Las revistas y libros se acumulaban en pilas en la cocina (no exagero) y lo preparaba todo con mimo desde los aperitivos al postre.

Ahora tengo visitas bastante más a menudo, mi vida es un auténtico tetris y he aprendido a relajarme un poco. Sólo un poco. Aún pongo mirada de águila cuando veo que falta bebida y echo de menos una batuta para dirigir.

Tras un miércoles como visteis bastante movido, pensé que un jamón del bueno, embutidos ibéricos, tortillas, quesos y un buen vino estarían bien para la troupe de seis que venía al día siguiente. Más los cupcakes of course.

Pero a pesar de eso siempre me gusta cuidar la mesa y hacer algo especial. Por eso cuando encuentro una receta diferente y encima fácil no dudo en compartirla. Y además ya sabéis que tengo una especial atracción por la cocina internacional.

Este guacamole con mango simplemente entusiasmó. Cuando pienso que no tardé ni 10 minutos en hacerlo.




Ingredientes:

El zumo de una lima
1/4 de cebolla morada
1 diente de ajo
2 guacamoles maduros
1 mango (se puede añadir también melocotón)
1/2 cucharadita de sal
1/4 cucharadita de pimienta
Nachos para dipear



Cortamos a daditos pequeños el mango, la cebolla y el ajo y lo ponemos todo junto en un bol junto con el zumo de la lima, la sal y la pimenta. Mezclamos bien.

Trituramos la pulpa de los aguacates con una batidora o con un tenedor y añadimos a la mezcla anterior. Mezclamos bien y reservamos en la nevera.

La receta la saqué del taller de comida mexicana de Aula Gastronómica. Un concepto diferente de aprender sobre cocina mientras compartes con un grupo de amigas la comida.

Y ahora contadme,¿cómo prueba esta semana? Espero que muy, muy dulce.

Crema de champiñones


Hace ya un tiempo hablé de pasada del libro "Las comidas de Jamie en 15 minutos". 

Es uno de esos libros que me encanta hojear por sus imágenes pero al que nunca tiempo de dedicarle su merecido tiempo. 

El libro me lo compré no por su llamativo título, sino influida por el mágnifico trabajo de su equipo de estilismo fotográfico y también por el tipo de recetas que salían, sencillas y con muchas especies. Desgraciadamente algunas de ellas son difíciles de encontrar aquí.

Con la llegada del otoño psicológico, me preparo para mi hibernación culinaria y he tomado nota de unas cuantas de sus recetas. 

El ciclo de verano se terminó con dos bellísimos cursos en la escuela de Jackie Rueda, del que os hablaré próximamente y mi primera clase de pastelería en Hofmann, del que sin duda también os hablaré.

Me doy cuenta de hasta que punto me influyen las estaciones. Es como un ciclo que empieza y termina. ¿No os ocurre lo mismo? Yo lo llamo el efecto mariposa.

De tapas duras y una cuidada edición, Jamie nos explica en su libro la importancia de la organización en la cocina. Nada es aleatorio, tener los elementos e ingredientes necesarios antes de empezar acortan significativamente el tiempo de realización de una receta y también nos ahorran algunos desastres.

Para mí ha sido un alivio encontrar una excusa para justificar mi obsesión compulsiva con el orden en la cocina. 

Reconozco también que este hombre me encanta, no sólo por su frescura sino por todas las campañas a favor de una buena alimentación en las escuelas. Y esto es algo que cada vez más tengo en cuenta, el compromiso social.

Os he mencionado antes mi hibernación culinaria. Pero más que hibernación es como un retiro. El horno vuelve a encenderse, la masa madre invade con su olor la casa y me apetece encerrarme en la cocina cuando la oscuridad invade la calle. Fuera el viento y el frío, me hace valorar más que nunca la intimidad y abrigo de mi casa. 




Ingredientes:

2 cebollas
aceite de oliva
1 cubito de caldo de pollo o verduras
1/2 manojo de tomillo fresco
2 dientes de ajo
4 champiñones grandes (yo le puse más de pequeños)
100 g de arroz basmati
Nata líquida
Aceite de trufa (opcional)
Sal y pimienta

Pelamos las cebollas y las cortamos en rodajas finas. Las salteamos en una cazuela grande con un poco de aceite de oliva. Añadimos el cubito de caldo desmenuzado, un pizca de sal y pimienta, las hojas del tomillo y 2 dientes de ajo machacados con la piel. Mientras pasamos el sombrerito de los champiñones por la plancha y luego los troceamos junto a los pies para incorporarlos a la cazuela de la cebolla. Añadimos el arroz y lo salteamos un par de minutos. Añadimos un litro de agua hirviendo y dejamos cocer con la tapa puesta unos 10 minutos. Una vez cocido lo pasamos por la batidora hasta conseguir la textura que nos guste. Yo le añadí un poco de agua porque era muy espesa. Corregimos con sal y pimienta y le añadimos un poco de nata líquida y de aceite de trufa encima.



¿Cuáles son vuestra recetas preferidas en otoño? ¿Os influyen las estaciones a la hora de cocinar?